Isfrid -bautizado en realidad como Laurentius Antonius- recibió sus primeras lecciones de música de su padre, que era director de escuela y organista en su ciudad natal, Türkheim. Tras su estancia como alumno en el colegio jesuita de Múnich, ingresó como novicio en la abadía imperial praemonstratense de Obermarchtal, donde también profesó. A raíz de su reputación cada vez más conocida como compositor, fue nombrado más tarde director musical de la abadía, pero también trabajó durante 10 años como párroco en las parroquias de los pueblos de los alrededores. Luego regresó al monasterio como subprior. Cada vez con más frecuencia, varios monasterios de la amplia vecindad solicitaban sus aportaciones de teatro musical, por las que era muy respetado. Así, una de estas cantatas escénicas se interpretó también durante la visita de paso de María Antonieta. Murió en el monasterio de Marchtal en 1771. Junto con las obras de Kayser, todos los demás bienes musicales del monasterio pasaron a la Casa Principesca de Thurn y Taxis tras la secularización.